viernes, 12 de junio de 2015

Entre dos amores: Paraguayo de sangre y argentino de corazón

"Uno siempre extraña el país donde nació. Argentina es mi segundo hogar, aquí tengo mi familia", afirma el gran maestro Eriberto Alvarez. 

    Felicidad plena. Don Eriberto Alvarez disfruta de su familia y el trabajo en en el Jardín de la República. Foto: Alejandro Lobo.


Sábado por la mañana, el sol pega fuerte en la ciudad que nunca duerme. La gente pasa y pasa. A metros de la Plaza de Alderetes como de costumbre se encuentra Eriberto Alvarez, trabajando a diario en el viejo depósito del Super Rivadavia para llevar el pan de cada día a su casa. 

Paraguayo de sangre y argentino de corazón, el míster, radicado en Tucumán hace 35 años  también palpita la Copa América Chile 2015 como todo buen amante de la redonda: "Me gusta mucho el fútbol, trato de seguir siempre a la Selección de Paraguay. El Tata Gerardo Martino le cambió el estilo de juego y estuvo bien, lástima que se tuvo que ir. Ahora con Ramón Díaz habría que ver como actúa con Argentina en el primer partido. Le tengo fe al equipo". "Ramón es un gran director técnico, va cambiar totalmente la manera de jugar de la Selección. Si llegamos a ganar o empatar lo veo con grandes aspiraciones. Argentina en estos momentos está muy bien, es el preferido de la copa. Va a ser una linda prueba de fuego, Tata Gerardo Martino también conoce a los jugadores paraguayos".


Por razones laborales y circunstancias de la vida, Alvarez tuvo que viajar desde su Luque querido a Buenos Aires cuando era casi un adolescente. En su niñez solía jugar con la "caprichosa" todas las tardes en un club pequeño de la ciudad paraguaya. 13 de Junio disfrutaba del rustico Eriberto en el verde césped. Carismático como pocos y de un corazón inmenso por sobre todas las cosas, imposible de describir, el maestro pastelero "viejo nomás" como diría un gran relator, no olvida las tradiciones de sus país natal: "Las comidas típicas en mi casa se mantienen como la sopa paraguaya y la chipá. Son riquísimas. La música también la conservó, allá se escucha La Polca".

Con tres décadas viviendo en la capital, Eriberto y su familia no solo adoptaron una filosofía de vida distinta a la de su querido Paraguay. La pasión futbolera que conserva de raíces fue trasladada a los suyos: "Mi hijo es hincha de Independiente de Avellaneda porque vivíamos a la vuelta de la cancha y mi hija es fanática de Boca como yo. Además Me gusta mucho que los equipos paraguayos estén entre los mejores de la Copa Libertadores de América, pero uno sufre por Argentina y por mí país".


Entre risas de fondo, bebida de por medio, las llamas aumentan y las cosas dulces comienzan a tomar color en la mañana de calor en pleno otoño. El reloj sigue girando y el gran Eriberto, de 69 años, con mucho entusiasmo cuenta la historia que se esconde detrás de ese manto sagrado: Esta camiseta me la mandó de regalo un sobrino que estuvo en la Selección paraguaya. Su nombre es Juan Bautista Torales jugó algunos partidos con José Luis Chilavert casi al final de su carrera. Además tuve la suerte de verlo jugar por televisión, sentí mucho orgullo porque se clasificaron para el Mundial de México 86".   

                                               
Luego de un pequeño descanso, es el turno de que el maestro vuelva a colocarse el delantal y el tradicional gorro blanco. Las agujas del reloj marcan las 12 y don Eriberto Alvarez, querido y respetado por sus compañeros de trabajo se despide para seguir cumpliendo al pie del cañón con su labor diaria. Antes de irse sin perder la sana costumbres de su tierra adorada deja un saludo en Guaraní. 

  

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