“Ojalá vuelva a jugar en Atlético Tucumán, para mí sería una
gran revancha”, expresa Ignacio Gómez
futbolista de día y vendedor de noche.
Ignacio Gómez tuvo varias
barreras que superar en su vida. Sin embargo, hoy no se rinde y aún persigue su
máximo anhelo. Tarde soleada, poco habitual en pleno invierno tucumano. En
medio de cientos de personas que pasan y pasan, se encuentra Nacho, recién llegado de entrenar con San Jorge y su habitual bolso cargado
de sueños al hombre para dialogar: “comencé a jugar al fútbol desde los 10 años.
Nunca me olvido que me escapaba de catequesis después de que mi mamá me dejaba.
Un día mi papá me llevó a Atlético Tucumán, hay tenías que pagar pero vieron
que tenía buenas condiciones y me dieron una Beca”.
Para “Curi”, como lo conocen
sus amigos en Barrio Municipal no todo fue color de rosas en su paso por el
club de 25 de mayo y Chile: “un día jugando en las canchas de mi zona tuve la
mala fortuna de quebrarme el peroné, semanas antes de empezar la pretemporada
en la sexta. En ese momento sentí que perdía todo y me di cuenta que mis
padres tenían razón por no hacerles caso. Deje de jugar todo el año y cuando volví no tenía lugar me dejaron
libre”.
Mientras el sol comienza a
ocultarse tímidamente en el Jardín de la República y el viento se apodera del
Parque 9 de Julio, Ignacio de 20 años, con mucho orgullo y la frente bien alta
hace hincapié sobre su trabajo: “es difícil venir a entrenar desde lejos todos
los días. Mi vieja me dio la idea de vender panchuques en mi casa y con eso me
manejo para mis cosas. Tengo muchos clientes por suerte, algunos amigos me
hacen el aguante y otros vecinos de apoco se enteran que vendo”, comenta el
crack entre risas.
Hay quienes dicen que “los
obstáculos hacen madurar, los éxitos hacen reflexionar y los fracasos hacen
crecer”, por eso y por muchas más el cinco que tiene el “muni” gran admirador
de Fernando Gago (Boca) pudo volver a disfrutar del verde rectángulo: “Rubén
Vega me recomendó en San Jorge, primero no quería saber nada con volver a jugar
y después me convencieron. El año pasado tuve un buen torneo en reserva y ahora
a veces integro el banco en la Liga, Además hacemos fútbol con los chicos del
Federal A”.
El día se hace noche y las
luces de los autos que se encienden, al igual que los cientos de faros en el
fantástico parque que tiene la provincia. Ignacio, como ya es costumbre se
prepara para volver a su casa y concluir su jornada trabajando. Antes de
despedirse deja unas palabras: “ojalá vuelva a jugar en Atlético Tucumán, para
mí sería una gran revancha. Ahora defiendo la camiseta de San Jorge y si me
toca debutar aquí bienvenido sea”.




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